viernes, 8 de julio de 2016

Kanopa

Para algunos viajeros, el canto es el equivalente sonoro del bastón.
David Le Breton



kanopa un manto de desierto
cuando el ojo de la liebre
deje volar cien pájaros por Amarillo,

ese remanso de silencio donde emana
la bocanada, el agua y pálpito de los sin rumbo.


kanopa la retahíla del primer amor
que demoró siete años en decir no,

cuando la estrella polar del refugiado brille
en un campo de hierba santa y pescados:
sólo con piedra arde la arena que nunca pisamos.


kanopa un coro entre la nada
de la neblina y el asilado de Dignidad.

No queremos mentir,
la soga cambia como piel de yubarta
desgarrada en zona de desfragmentación.

kanopa el sustento que se reparte sin la sal
en el olvido de sobremesa

cuando enumeramos las especias de Amarillo.




Oz existe en el acimut:

es un eco entre sábanas que dilatan nortes.





kanopa la supervivencia del salto al vacío
cuando la tromba que nos entona
rompa la energía de la quijada enjuta:

la luz es una pausa en el tendón
que se cosió al arrasar Amarillo.


kanopa las luciérnagas del sicomoro;
hemos caminado de espaldas a los telares
entre 667 carcajadas y henequén.

La mortecina en el pico de los pájaros
es un acorde que retorna al torso del calavero.


kanopa la nube que antes del alba anuncia
el relinchar de los caballos blancos
en el trémolo interminable.

Cada estrofa es un tinnitus que dura
lo que el reflejo del aceite adusto.


kanopa el filo que nos roe.
¿A dónde huye la savia del ortodoxo?
¿Dónde quedó el cielo de los peces gato?

¿Quién hereda la tinta de los acentos?
Somos cada sutura que calla.


kanopa entre visillos el trazo del violín.
¿Qué es lo vivo dentro de lo muerto?

Escribir otro mundo es acariciar el follaje
o cerrar la cicatriz al mar
con la acústica del meridiano.


kanopa la joroba del capataz
el día que revienten las cuerdas del burrero,

con la incertidumbre cuica del instante,
la melodía en la ciénaga oculta
en el vientre almena de Amarillo.


kanopa la libertad de picar la piedra
que muda su octava a voz de ira
como un cetro en el sacrificio.

El tótem llora infeliz como nosotros
cuando el polvo de la mantis abrasa.


kanopa los días en los que perder el hambre
es tomar derecho de esta travesía de hastío:
¿cuándo aprendemos a hablar por tercera vez?

Los vibratos de dulzura se agotan
cuando engañamos los recuerdos.

kanopa la raíz del paladar que hay que cortar,
las campanillas atónitas, el eco de la mesura.

Se nos hundió en las manos;
los músicos siguen a flote
la tónica desafiante del sin espíritu.


kanopa el volumen brusco y ampuloso de los pregones
que apalean los tobillos del caminante.

El maíz ya no revela el agua de los faros,
y si el árbol grita, hemos perdido la batalla del staccato.
¿Quién destruye los galones en Amarillo?


kanopa para no tocar piso,
guarda tu heno, heredero de veredas.

Sueña sin cruzar de negro el muro de las infamias
al son de las cantigas de los sin casa
que piden su fuego de blasón.


kanopa el quinqué de la nostalgia
en el preámbulo de un nuevo año
en el que no somos dueños de nuestro destino;

el duelo en el secreto del sin voz
miente su propio síncope.


kanopa las señales de humo en el travertino;
el ambiguo también silba al camino
que costura es envarar en el cencerro,

pero llegue a donde llegue
seré una palabra plena en Amarillo.

kanopa el trazo del gamelán
con el maldigo de la noche.


¿Aún tenemos derecho de hablar los sin causa?
Somos la suspensión binaural
del todo y nada.


Kanopa el golpe de azar
que sucumbe a las manchas del cadalso
con cada beso de onanza.

Este vals de presencia se derrite
como arcilla en la boca ajena.


kanopa el rumor de las velas
que corre en la discordia por moldear su cera.

El sonido murió en el music-hall
cuando el poeta maldijo la noche
de un paraíso sin nubes.


kanopa la teja seca sobre la pierna coja;
cada flecha es el porvenir
que salta buscando al dragón.

Sobre el pie del trópico
las canciones de yuca ruedan.


kanopa la tirisia del verano en desembarco;
los dientes de luna se pierden
entre la parra y uva salvajes.

Queda sólo esto, la altura murmurante;
la tesitura agria a cada paso.

kanopa la ternura tránsfuga del viento
al halo crudo de luna;
todo canto de garganta nace del búfalo en rapto.

Cuando otros éramos los tantos
el viento nos condenó al chiribital.

kanopa el meyibó desde la serranía
en cada nota de hoguera:

la valka en la muñeca
enseña que destino es cantar


kanopa el tono que resplandece del precipicio;
el intermedio nos aventa cada rastro en Amarillo:
¿quiénes son los incompletos?

Cada mañana pronunciamos
The ass crack of dawn.


kanopa tangaras y ermitaños
por toda hoja que invoca voz
y corteza de sueño en cántaros,

scat del alero y el cabestro,
el garabato en su covacha viene.


kanopa de vuelta a casa
en el país del gil zaherido
por las banderas rojas en su basílica.

¿Quién busca al desaparecido
si los amartelados están sin fuerza?


en el mapa de tus ojos

cuando la anomia
derribe las siete puertas del bustrófedon.
El sin dios no nos debe nada.

kanopa la cuita de los sin futuro
porque es eterno su tabú de silencios

para oliesquear entre los huérfanos
cerebro, corazón y coraje.
Los ahorcados marchan a Amarillo.

kanopa el desenlace de la lira
de los veteranos sin erección.

La venda del suicida yace en el muelle
que se estrella en las salinas.
Dignidad encalló en la ruina.

Viene a por mí la hierba.



Kanopa es la conjugación de cantar en el desierto.





* Meyibó: estación alegre y abundante
** Pensando en "667", de Kike Mendoza Trío; Zona de desfragmentación, de Germán Bringas; "Mapa sonoro de un cúmulo de burbujas, de No soy, y Onanza, de Tom Kessler 

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