lunes, 17 de octubre de 2016

Rapsodia de las rosas en la nieve [para Nico]

PRELUDIO 

Las muñecas de las niñas tristes llovieron
sobre los sueños de duela vieja.
En invierno, las copas y candelabros
resplandecieron el negativo de tus fotografías
y los caminos de argento.

Las niñas siguen jugando en los peldaños.
No entendieron la persecución.
Nadie estuvo ahí.
Nadie está ahí, dijeron.

Pero tus ventanas deliraron,
en medio del bosque
esas historias
del asesinato cruel y la huida.
Todos comenzaron a perder la partida.

Aprendiste a cantar
para simular el silbato del cartero
entregándote las melodías de tu padre,
la canción de la hija única
y los nibelungos.

Una parvada de pequeñas criaturas negras mordió a Nico en los labios, y un coro cantó.





MEMENTO

Decantan pajarracos de Tananore en tus ojos
y esa cara fría
de tormentos y nuevos comienzos
marca con honor, corazón vacío,
tus huesos en pilares perennes.
Tú, Nico, que fuiste el nombre del hombre griego,
la mujer de Chanel en Coco, la de la Dolce vita
tumbando religiones falsas
de anarquías nazis y conquistadores,
desfalleciste sobre una bicicleta.

Oh, tanta proeza se convirtió en innuendo.



Fragmento de Junkie de nada

viernes, 7 de octubre de 2016

ACANTILADO

Que me mate el mar antes que el sistema.

Nelda Piña y la BOA



Este es un poema sobre la zozobra,
sin talega,
sus latidos escarpa.
¿La cicatriz se adapta o la rechaza tu albor?

Repaso una estela para no olvidar
el olor del lucero,
el señuelo de la serranía,
esa hondura por la que los redobles
anuncian la cartografía del miedo
o de una enemistad.

Decantamos lo que no se pronuncia 
pero existe
sabemos que ocurrirá
como el eco,
como un crimen.

Si aún eres terso como el bisonte
platícale al meteoro
 
por cuál fractura pasa su luz.
¿Cuál es tu roca?
En esa greca transcribo mi piedra.

Tras la cueva nos preguntamos
“¿por qué no eres como yo?”,
pero el dolor es indiferente,
caminamos a una casa vacía.

En la corteza del cielo
se reescriben los quebrantos,
toda insana palabra del derroche
toda mezquindad de quien teme al amanecer,
todo prejuicio en campo traviesa.

Para golpear la arena
tam
 tam
hace falta el arrullo de la caracola,
el amuleto de las pequeñas cosas.

Siempre he querido escribir sobre el amor
pero entre mi cielo y la tierra
mi hechizo nunca es rezo,
y un buda es detonado
y parto al otoño
en un tren de latón.

De día y de noche el petricor
se refugia en mi corazón,
raíz del leño
para hablar con el tocón.

“La gente muere para probar que vivió” [Guimarães],
sí, 

para soñar 
con el cauce de un canto,
encontrar el
 santelmo en sus ojos,
abrazar el hallazgo en un resplandor de besos.




jueves, 6 de octubre de 2016

Cuatro minimal: pequeñas personas haciendo grandes cosas


¿Quién se lanza a una caminata en solitario sino el viajero que busca encontrarse? La silueta de un hombre atraviesa un aparente llano, cuando el cielo se oscurece, en una suerte de viaje de iniciación en el que se enhebra una cadencia, la cadencia de un canto. Eso nos deja intuir la contraportada ―arte de Arturo López Pío, de Cineamano― de La cola del dragón, primer material de estudio de Cuatro minimal, grabado en la Sala Julián Carrillo de Radio UNAM, y coproducido por The Sukiyaki Meets The World.
Se dice que existen cinco tipos de dragón, y el tipificado oriental, además de dador, es un transmisor de mensajes entre los hombres y los seres celestes. Por si fuera poco, su fascinante figura une elementos opuestos: pájaro, pez, fuego, lluvia, luna, sol. Su naturaleza gestora concentra los símbolos de la fuerza, la justicia y la sabiduría. El dragón es la armonía; el dragón es la palabra, porque que guarda también el espíritu de los dioses, y la palabra es canto. Para muchas culturas, quien trabaja el lenguaje oral es considerado un sacerdote, un chamán, un clarividente; así las voces que sobre tambores inscriben esta historia y desde 2011 nos descubren remedios para sanar alientos melancólicos.
El agosto de ese año, invitados por Nicolas Ribalet (el primer o quinto minimal, depende la perspectiva), Juan Pablo Villa y Fernando Vigueras se embarcaron en una travesía con rumbo a Nanto, Japón —un pequeñísimo lugar donde la gente planta su arroz a fuera de su casa, en palabras de Villa—, para unirse, desde la expresión mínima, con Chang Jaehyo y Sakaki Mango en el Centro Cultural Helios, donde han realizado residencias artísticas tanto Villa como Vigueras y Arturo López Pío. El resultado se presentó en The Sukiyaki Meets The World, festival anual por el que han desfilado músicos latinoamericanos como Pernett, en 2012, y este 2016 Cecilia Todd y Aca Seca Trío.
La historia me la contó Juan Pablo Villa en una desenfadada conversación hace unos meses. Todo comenzó cuando en un Encuentro de las Artes Escénicas, en la Ciudad de México, Villa conoció a Benjamim Taubkin, gran compositor y promotor cultural brasileño que vive en Londres, quien nos invitó a Pío y a mí a un festival a presentar La gruta de Baba, en São Paulo y San Salvador de Bahía, y ahí conocí a Nicolas Ribalet, un francés que vive en Japón, representando un proyecto de Chang Jaehyo de música tradicional y contemporánea de tambores coreanos; nos hicimos muy buenos amigos y resultó que Ribalet, además de ser un gran manager, es el director de The Sukiyaki Meets The World desde hace diez años; entonces, al año siguiente fui invitado a una residencia artística en Krems, Austria, con un músico mexicano que yo escogiera, y decidí llevar a mi gran amigo Fernando Vigueras, guitarrista de música contemporánea, experimental, pero que también acompaña, por ejemplo, a Dora Juárez en este proyecto de música sefaradí con Francisco Bringas… Nos encontramos en una casa con Sakaki Mango, un japonés que vive en la ciudad de Kagoshima, Japón, y con Chang Jaehyo, que vive en Seúl, Corea. Ahí juntos cocinábamos, dormíamos y demás, osea, nos emborrachábamos juntos… teníamos una vida en la casa y en el Centro Cultural Helios. Ahí empezamos a darle forma a este proyecto.
Así Jaehyo, Mango, Villa y Vigueras formaron el ensamble Cuatro minimal para, sin pretenderlo, mitigar incendios como mediadores de palabras. Su música funde motivos de las tradiciones musicales de Japón, Corea y México, pero también de Kenia y Tanzania, pues dentro de percusiones como el janggu se funden la mbira, limba y kalimba.
Cada vez más relajado, Villa, el artista vocal y compositor, me presenta a los integrantes no mexicanos: Jaehyo toca en janggu, que es un instrumento de doble parche y viene de la música tradicional coreana y se toca con dos baquetas distintas; toca también una especie de campana o cencerro, y es un gran cantante de la ópera tradicional de Corea, el pansori. Es excelente, y toca música tradicional pero también la combina con música contemporánea. Ha sido muy criticado por los más puristas, pero también aclamado por la crítica justo por lo mismo. Es uno de los percusionistas más importantes en Corea. Sobre Mango, de quien me advierte “es parte importante de la alegría de The Sukiyaki Meets The World, ya lo conocerás”, comparte que es un compositor, cantautor, digamos, y la manera en que canta y toca es excepcional. Él combina el japonés y el kagoshima-ben, que es su lengua materna, y toca con kalimbas y limbas… Ocupa más o menos la mitad del año yendo a África a estudiar los ritmos, compartir con las comunidades su música y aprender. Es una persona sumamente cuidadosa y disciplinada con lo que hace... y es exigente; digamos que muchas de las partes de esta banda él las dirige o propone la primera forma y de ahí se desarrolla.   
Cuatro minimal nos simplifica en su simbiosis musical que la naturaleza concentra las máximas que nos fortalecen; los cantos de Juan Pablo Villa —que a ratos recuerdan voces de animales— a los que entrega su sonrisa, deben hacernos confiar en ello: cada palpitación es una transformación.
Compuesta por Fernando Vigueras y Sakaki Mango, la pieza que da vida al dragón es homónima del disco, y además está dedicada a los 43 estudiantes normalistas de Ayotzinapa, Guerrero. En ella, la voz de Villa concentra la agitación y transmite la furia de un coletazo de realidad, porque “cuánto más la sangre al cántaro gotea y nos revienta la cabeza en pedazos de tres en cuatro de cuatro en tres”. Es la belleza dentro de la furia, donde queda la sensación de que los espíritus de dolor sanarán con los fraseos acuosos que intentan mitigar hogueras, como en el caso del popurrí "Arirang/Yo ya me voy", que combina las tonadas del folclore del arirang y canto cardenche. 
Los anhelos, como astros, también surgen del fuego (Jaehyo) que, avivado por este cuarteto, nace de los contrarios, cuando mar (Vigueras) y tierra (Mango) exhalan (Villa) y se encuentran en el tema “Nine”, que significa esperanza en coreano. Al anclarse en diversas tradiciones musicales de cuerdas y percusiones, así como en oralidades y folclores primigenios, Cuatro minimal vislumbra la construcción de un lenguaje. Para la música, el ensamble es hálito y una nueva concepción del tiempo: una comunión con el universo y la imperante necesidad de escuchar los unos de los otros, tal como cantan en “Amagiki”, que significa “pequeño” y que fue compuesta bajo el precepto de “pequeñas personas haciendo grandes cosas”. Para Villa es una pieza emblemática de la banda porque fue en la que más trabajamos en la primer residencia, en Japón; es una pieza en cinco cuartos… Lo que hacíamos era escribir más o menos los patrones rítmicos que se iban generando a través de las improvisaciones. Muchas de las piezas parten de improvisaciones. La pieza ya existía, Mango la había grabado previamente; entonces él la trae con su kalimba y empezamos a improvisar encima y a fijar ciertas cosas, pero en medio justo abrimos un gran puente donde estuvimos trabajando qué tipo de figuras rítmicas, cuándo entraba quién, cuándo salía quién. Hay una parte que es muy evidente cuando yo estoy haciendo una especie de solo empiezo un loop y desarrollo toda la pieza y después los músicos me van siguiendo y regresamos… Es un poco como en el jazz: se canta el tema, hay una parte a la mitad donde se improvisa... Pero al final estas improvisaciones empezaron a quedar fijas y hacerse una estructura conocida por los cuatro
Cuatro minimal canta a la esperanza, a la belleza del cardo en las gargantas, al dolor de la ausencia, a la paciencia. La cola del dragón puede escucharse como una ceremonia de lo vital. Lo vital de la ética y la vida política en una sociedad lastimada, pues las composiciones del cuarteto se manifiestan por la equidad, la comunión y la (de)construcción de identidades multiculturales: la apertura de canales de diálogo.
Este ensamble internacional ―formado por integrantes que, aunque se adoran, casi no se escriben― por primera vez saldrá de gira a países distintos a los de su origen, y luego de una breve gira por Nueva York presentará La cola del dragón en México el próximo 3 de noviembre, en el Teatro de la Ciudad Esperanza Iris.