Sed y guajes se conjugan en una serie de aza(ha)res lingüísticos: la poesía reverbera, gime: es canto. La poesía la mueve.
domingo, 14 de junio de 2015
domingo, 17 de mayo de 2015
25 Mexican poets 30 and under
End of the Rope
{Widow number 8 sings} 1 He crawls like a tree branch, on the wet surface. Transpires one brimstone. Water crystals in the snout. 2 He is looking for food. Leftovers of smell which are rope, which are memory. The life of a town, in front of the candle and the portrait on the chest of drawers. 3 The helmet hangs in the gnawed wardrobe. I cry, because I think of you trapped. Deafened. 4 600º C wave. Expansion. 2.5 kilometers. Asphyxia. You. Kneeled. You carry the shovel. The light bulb blinks. Black hands. 5 The hen broth and the beans await. Unburied. The table is in mourning. I bury the crossed knives so that the wind carries the rain away. 6 Saponified. Sunken. Useless. Lumps to order that should have been forgotten. Insomniac heat. 2:30 am. 7 Helicopter vultures. They sentenced the faceless children to death. Viscous event that didn't perechó2. 8 In the middle of the night, I wake up, startled by your nightmares. Dreams I beg. Shreds. 9 Slitted tights, and all around, women thread a tableau of prayers. Blankets on guard. 10 Fenced by demolition. Area of risk. Miner 4, miner 2, second entrance, reported concentration. The pulleys remain dirty. 11 Gray smoke, gray mortality. Gray cloudy rails. We remember them, when a country buried them without a corpse. 12 Generation after generation, the grandfathers harvested metals, while the unions soaped their skins with calabash. 13 Miners or soldiers of a war in sepia. Empty alcohol under their arms. From their canteens, they licked seconds. 14 Frozen busboys of the earth. Worth less than beasts. February 19, 2006. 6:00 am. 15 The air wouldn't be. Stop breathing. Survive. Epitaphs for the missing. Gante in his funeral. Wheat for the widows. 16 100 Orphans. And the anguish that silences nothing. Blue helmets. And they wonder, where are the widows? Three years later. 17 When a fire presses, again, against our breast, nothing quiets. For you, the live ones, the 65. 18 4:14 am. I get up just to boil water for you, only to return to your ciénaga3 arms. 19 But that dying dog dragging itself by the tail, but this silence, but these stained sheets scuff the scar. 20 And, at a sinister hour of dawn, I ask myself, when will you find my end? No more stones. Bones. 21 The Fates seal willow kisses, to raise them from the dead, wrapped in looks and white petals. 22 They pronounce their names, among Sabinas and stars, on St. John's Day: Javier Perez Aguilar, Amado Rosales Hernandez, Jesus Morales Boone, and 62 miners more. 23 The voice is the end of the rope.
2 The author believes she heard this word in a song, some Italianized form of Argentinian Spanish, or maybe she made it up, but in her mind this word means something like grow, or mature.
3 Ciénaga means marshland, swamp or bog, words which don't have the sound of the original Spanish, so I decided to leave it.
Tumbling
The fierce bonza 1 attacks me with fangs of camphor.It takes away my hands.At dawnthe street tuneof a longed missed nymphomaniacraisesthe yearning of the pigeontremblingfor its children's song.Here I am, under the bunker with a disdain of fantasiesBrothel solitude. And through the tract, barbecued nausea. Under the bra, the temptation to biteof a guillotined St. Martin de Porresor a milkman fattening in the breasts of polyandry;the sweet flavors of the exploit,in the imagination of delay,in the waiting and rejectingof a lifetime.My womb makes itself comfortable.Undaunted and proud wants to give birth to the nausea.No,I said no.No to the edge of the cliffthe chronotope without hunger;head on to face the tradeof sex not love firstin the gut, let's gobefore preferring the burning,the restlessness of the sky we look at, from the yarns,tasting the subtle blizzardwhile pronouncing the gusts.We are the seeds of noor the success of all failures.-Don't cry, Angel Gonzalez-Come on, let's go, like slutty ones, to hell.Let's seize between the legswhatever needs to be held,with the eagerness,in the chordand its twenty one consonants.
1 bonza = the beast of self-immolation (t.n.)
* Traducción al inglés de Pilar R. Aranda, para bigbridge.org/
lunes, 4 de mayo de 2015
Las edades de Juana
Ataviada con un azul
grisáceo, la bonaerense Juana Molina nos confiesa vivir casi dentro de una
burbuja, alejada del flujo informativo o los compases del caos citadino, y
aunque prefiere rodearse por la naturaleza y sus sonidos, las giras la
devuelven al devenir, a través de la interacción con los públicos que su
trabajo ha conquistado, a largo de sus edades
contadas.
A pesar de
su aparente timidez, conoce los escenarios al derecho y al revés; se planta en
el centro de la tarima, de negro y con el cabello largo y naturalmente
despeinado, con cierto semblante de rara,
porque no es la representación típica de una mujer en escena; se asume como músico, antes que un gancho estereotípico de
la industria discográfica. Quienes hemos asistido a sus conciertos sabemos que
será un momento de escucha y baile, irrepetible como bucle infinito.
Revela que
trabaja en solitario, como viene haciéndolo desde 1995, alejada de los
reflectores y las facciones generacionales:
… siempre me sentí muy ajena a los movimientos, no
soy amiga de ninguno de los músicos, nunca pertenecí a los movimientos; lo mío
es muy aparte, de ermitaña, de hacer las cosas como a mí me parece, ni sé lo
que es un movimiento… Al final, mi atracción hacia un músico o su música es
hacia la persona, no sé si pertenece a un movimiento.
Al escuchar por primera vez a Juana, a bote pronto pensé en
que su tesitura juvenil, a veces aniñada, coincidiría con su edad; fue una
sorpresa encontrarme frente al universo de una mujer que conversa con la
tranquilidad e introspección de quien se ha replanteado los caminos. Su instinto animal suena al noroeste
argentino, a tonadas y bagualas, a comparsas de sintetizadores y cajas de
ritmos, y es que “uno termina siendo lo que lo nutrió de chico”:
… mis padres escuchaban música de muchos lugares, y había un
disco que era música del norte argentino, de Leda Valladares, que a mí me
gustaba muchísimo y después había canciones de María Elena Walsh, con letra de
Leda Valladares (que también tomaba cosas del norte)… y siempre me
gustó mucho la música uruguaya [recordemos su “Misterio uruguayo”], son cosas que uno no sabe muy bien qué es
lo que toma, y le resuenan, como que son parte de uno.
Cuando Juana canta, su voz parece rememorar un viaje sonoro a la infancia. De niña y adolescente, vivió el exilio, al lado de su hermana Inés y sus padres, Chunchuna Villafañe y Horacio Molina, con quien desde muy pequeña grabó música.
La escisión del origen es un tema recurrente en la
poética de Juana, establecidos desde la ironía onírica de aquello que nunca es y siempre se explora; desde esta
perspectiva, podemos escuchar “Insensible”, una canción en francés, tan amorosa
como política, igual que su disco Tres cosas,
en el que cuestiona el progreso, los adioses y las imposturas del pensamiento: Sálvese quien pueda. Sin embargo,
prefiere no manifestarse sobre políticas globales: “no es lo mío y quedo como
una tonta”, dice.
A sugerencia de un amigo, cuenta que sus
exploraciones pueden interiorizarse como “candombe japonés”, porque la música
japonesa básica está emparentada con la música andina al ser una música
pentatónica —como la de las escalas empleadas durante la meditación—, y ella
tiene mucho de lo pentatónico, pero no es una búsqueda consciente o
predeterminada, nos comenta, sino azarosa. Que sus discos comenzaran a sonar
por primera vez en Japón, incluso antes que en Sudamérica, fue también una
casualidad:
… fue una brecha que se abrió y justo calzó un pie
y dijo acá, acá echo raíces; ahí entendí que al haber escuchado tanta música en
otros idiomas y música instrumental hace que yo esté mucho más conectada con la
música que con las letras, y quizá eso es lo que finalmente se transmite.
Como en “Un día”, que podría escucharse como una
baguala electrónica, le interesa centrarse en la atención sobre las emociones y
los pensamientos, en la respiración e imaginación que la música genera: la
música sin letras:
En lo mío, las letras siempre aparecen al final. Inclusive
tengo todo el disco armado, las secuencias… y me faltan letras. Para mí, mi
verdadera misión ya está cumplida, pero hay un protocolo que me dice que no,
que tengo que escribir una letra. Entonces, me pongo a trabajar en la letra,
pero ya es otro proceso, posterior y casi te diría ajeno al disco en sí. Y la
gente recibe la intensión original, que es la de la música. Nunca sabré con
certeza si es así, pero lo creo.
Algo
curioso le sucedió con la escritura de “Ay, no se ofendan”, que grabó sin letra
y con el paso de las presentaciones le incorporó palabras, a partir de imágenes
mitológicas de Ulises y barcos en el mar —el Mediterráneo, presiente— que asoció
con la armonía; en vivo, cobra otro sentido. Aunque el protagonismo de la
música de Juana Molina son sus melodías y la extensión de sus tesituras, sin esbozar
un estudio de género —ay, no te ofendas,
Juana—, hay una lectura testimonial (Rara
es su disco más autobiográfico) y portentosa en su selección de palabras y
frases; obvia porque cada autor despliega tramas de su inconsciente, y al final
están en Juana todas las edades en
las que prima la autodeterminación de un ser
mujer; sin dudar, sin demora.
No le gusta
usar un lenguaje pretencioso y trata de que pase inadvertido, que no perturbe
la música ni desubique:
… me molesta cuando sobresalen las palabras en la música,
trato de que todo sea, muy humildemente, la letra diciendo “disfrácenme de
melodía”; trato de mantener un equilibrio musical entre la fonética y el
significado.
A veces,
prefiere callar, otras balbucear —como en el origen del lenguaje—, con el sonido del mundo y los sintetizadores del “Bicho auto”, en los que el Wed 21 suena como el zumbido del mosquito de la malaria, ferocísimo y alegre.
Sobre
el título de Wed 21, su sexto disco en solitario, publicado
en 2013 por la disquera belga Crammed Discs, Juana lo escogió —a sugerencia de
su hija— porque todos los nombres que llegó a pensar eran demasiado
melancólicos, y sin duda su fonética intriga (no se quiebren la cabeza, no
quiere decir nada) y se relaciona con su personalidad; la ironía es fundamental
en la vida de esta compositora e intérprete, desde luego, y aunque el sentido
del humor en su música es menos evidente, es importantísimo:
… hay
sonidos que directamente son cómicos, que ya me causan gracia; hay cosas que
programo con intensión, otras que descubro, que no me esperaba y las dejo así.
La época de Juana y sus
hermanas —programa de sketches
cómicos que condujo junto a Inés, de 1988 a 1994— fue emblemática para su
carrera. Cuenta que la motivación para salir a cuadro siempre fue la música,
tan así que en la última etapa del show incluyó la participación de músicos,
con quienes llegó a grabar, como con la legendaria banda La Portuaria, en 1993.
Desde aquella edad, Juana nos incita
a bailar, hasta salir del cuerpo.
La
soltura creativa es su nódulo. Cuando joven dejó el conservatorio, leer música
siempre fue difícil y eso llegó a causarle rencillas con sus necios músicos,
algunos muy académicos, otros más cadenciosos. Así conoció en 1995 al bajista
Mariano Domínguez, quien tocó con una ella hasta que Andrés Calamaro le ofreció
el oro y el moro; gracias a él conoció a su actual baterista, Diego López de
Arcaute, pero en el momento no hubo química, era muy chiquito en ese momento.
Luego un ingeniero de sonido le presentó a Odín Schwartz, bajista
—irresistible, en palabras de Juana—, con quien resolvió que todos los bajos
del Wed 21 se tocaran con
sintetizadores, pero se dieron cuenta de que requerían más músicos:
…
a último momento nos dimos cuenta que necesitamos a una persona más; me la
pasaba haciendo cosas y no podía interpretar, ahí, apurada invité a Diego, que
ya había crecido… Ellos son mis pollitos; parecen más jóvenes de lo que son, y
a veces me preguntan “¿sus hijos viajan con usted?” Eh, sí no podrían ser mis
hijos… [Ríe] Nos divertimos, ya desarrollamos un código…
No
puedes estar con alguien que no soportás; son esas cosas que pasan con la gente
que se ve todo el tiempo y se llevan bien, y cuando las cosas no van bien,
hacemos una reunión y es increíble.
Siempre
emocionan los ticks y la sonrisa que
delatan el gozo de los músicos en un show y se percibe que Diego y Odín, los pollitos, se divierten, aunque a veces
olviden silenciar su celular y la novia les llame cuando están por tocar y
Juana los regañe frente a todos. En el proceso de montaje de la música de Juana
—grabada y en vivo—, Odín ha sido trascendental en los últimos años, se nota su
meticulosidad, pero en la fórmula, Dieguito, como le dicen de cariño, imprime
la fuerza animal que se une al estudio de Odín y al instinto de Juana… Esas tres cosas que forman el escudo de armas
de Juana Molina.
Somos
memoria, y en ella están todas las edades.
El tiempo nos lleva a preguntarnos y querer entender qué y quiénes somos, pero
Juana propone, luego de soltar un “basta de querer encontrarle sentido a todo”,
que la vida también es girar entre contradicción y risa, ser otra distinta.
Zazil Collins
Radio DJ | Escritora
domingo, 26 de abril de 2015
La apuesta por la tradición: entrevista con Los Cojolites
El
sueño, su trinchera: zapatear el futuro, la supervivencia
El
sueño
Los sueños fecundan la poesía, y hay
quienes sueñan que ventarrones de protesta se levantan, y que es el hombre campesino nuestra esperanza
futura.* Quienes lo sueñan, además, se dicen afortunados porque
su único patrón es la conciencia; se les conoce como Los Cojolites.
Me encontré con Joel
Cruz, Benito Cortés y Ricardo Perry el pasado 16 de diciembre en las
instalaciones de Verbigracia. Llegaron cansados. Antes de comenzar su
itinerario en la ciudad de México para presentar Zapateando (Round Whirled Records, 2014), su cuarta producción de
estudio, fueron a ofrendar Una luz por
Ayotzinapa, concierto que ocurrió el 14 de diciembre en Tixtla y al que
fueron convocados por los estudiantes de la Escuela Normal Rural “Raúl Isidro
Burgos”.
Los Cojolites quisieron
sumarse a la invitación no sólo porque vivimos un momento histórico, cuya
responsabilidad —señala Ricardo Perry— está en esos jóvenes, sino porque llevan
la música como bandera. Joel apunta que su llegada a Ayotzinapa “es una forma
de poder solidarizarnos, desde lo que somos, de decir: aquí estamos, estamos
con ustedes, sentimos lo que ustedes, no a la misma magnitud, pero reconocemos
que están sufriendo una cosa que esperamos nunca sufrir y por su lucha, creemos,
se pueden librar nuestros hijos e hijas de estos esquemas violentos; es un
momento histórico en el que hay que sumar voces, generar otros espacios de
protesta… Ellos [los estudiantes y familiares de los normalistas] tienen una
agenda clara y nosotros desde la nuestra, que es la música, desde esa trinchera
aportamos”.
Su trinchera
Relata Perry que ellos nacieron donde se crió la primera civilización de América, de los pueblos nahuas y popolucas del sur de Veracruz, y allí brotó el son jarocho: “nuestra música nació clandestina, nació agredida”, perseguida, apuntala Joel. Por ejemplo, continúa Perry, “en nuestro nuevo disco, los versos de ‘Las poblanas’, con los que iniciamos, son versos de más de 100 años y pareciera que lo hicimos para este momento y no, así han sido los versos de ‘Luna negra’ también; solamente los rebobinamos… y es el sentir de la gente sobre la opresión que siempre han vivido las comunidades indígenas en nuestro país, no es nuevo. Eso refleja la música, no es que seamos contestatarios, no hacemos música de protesta, tocamos el son jarocho como es el sentir de nuestro pueblo”.
Su trinchera
Relata Perry que ellos nacieron donde se crió la primera civilización de América, de los pueblos nahuas y popolucas del sur de Veracruz, y allí brotó el son jarocho: “nuestra música nació clandestina, nació agredida”, perseguida, apuntala Joel. Por ejemplo, continúa Perry, “en nuestro nuevo disco, los versos de ‘Las poblanas’, con los que iniciamos, son versos de más de 100 años y pareciera que lo hicimos para este momento y no, así han sido los versos de ‘Luna negra’ también; solamente los rebobinamos… y es el sentir de la gente sobre la opresión que siempre han vivido las comunidades indígenas en nuestro país, no es nuevo. Eso refleja la música, no es que seamos contestatarios, no hacemos música de protesta, tocamos el son jarocho como es el sentir de nuestro pueblo”.
Joel agrega que en la
música de Los Cojolites hay un discurso político en defensa de su identidad,
“y, en estos tiempos, la defensa de la identidad es algo contestatario, porque
existen intereses internacionales que quieren hegemonizarnos, hacernos una
misma pasta para que consumamos todo los productos que ellos sugieren; entonces,
el son es una manifestación del pueblo, que forma parte de un universo cultural
que nos identifica como habitantes de las tierras de los olmecas, y a partir de
la defensa de nuestra música también defendemos nuestro territorio, nuestra
comida, nuestras plantas, nuestro espacio, nuestra forma de hablar, pensar y
crear, y ya implícito en ese proceso va un discurso. Es una expresión que nos
hace ser distintos y poder dialogar con otras culturas y aportar”.
Y en este momento, Los
Cojolites aportar cantándole a los estudiantes y vibrando contra la
criminalización de los jóvenes, porque —recalca Joel— en todos los espacios el gobierno se siente
agredido por los jóvenes. Bien lo expresó la banda Massive Attack en octubre del 2014:
Pienso, luego me desaparecen.
Zapatear
Dos años después de publicar Sembrando flores (Round Whirled Records, 2012), el disco por el que fueron nominados a los Grammy, Los Cojolites nos entregan Zapateando, disco que grabaron en San Francisco, bajo la producción de Greg Landau, quien una noche los fue a escuchar a La Peña Cultural Center, en Berkeley, California.
Zapatear
Dos años después de publicar Sembrando flores (Round Whirled Records, 2012), el disco por el que fueron nominados a los Grammy, Los Cojolites nos entregan Zapateando, disco que grabaron en San Francisco, bajo la producción de Greg Landau, quien una noche los fue a escuchar a La Peña Cultural Center, en Berkeley, California.
En ese momento, el
grupo pasaba un trago amargo porque acababa de perder dinero (incluso hoy día,
comenta Perry, siguen teniendo adeudos por Sembrando
flores) y la producción que preparaba, pero Landau, de origen nicaragüense,
se ofreció a re grabar el material. Al día siguiente grabaron el repertorio que
hoy conforma Zapateando, en el que
homenajean la herencia oral que recibieron de los maestros del son jarocho,
como Donato Padua, cuyos versos retoman en “Las poblanas”, el primer sencillo
de promoción, y donde también reconocen a la familia de Benito Cortés, familia
de poetas de Chacalapa, Chinameca y Comején; versos que abordan la temática
social de la época en que vivió don Donato y sigue vigente, comenta Joel.
Zapateando
es una producción dinámica que en 37 minutos —continúa Joel— “retoma la
espontaneidad de nuestra cultura; tenemos más de 20 años tocando individualmente,
como grupo 15, 16 años… somos parte de una tradición del sur de Veracruz y
también músicos contemporáneos; el disco refleja un equilibrio entre ambas
partes: es un reconocimiento para los viejos maestros soneros, como portadores…
Queremos regresarles un poco a ellos, de ahí esa sonoridad, más apegada a la
tradición. En otros discos hemos explorado otras latitudes, pero de ahí el
nombre de Zapateando, porque la
fiesta de tarima es el corazón de nuestro pueblo.”
A diferencia de
producciones anteriores como El Conejo
y Sembrando flores, en Zapateando no hay composiciones
originales de los miembros de Los Cojolites, sino que retomaron la versada de
los viejos poetas, con una forma melódica distinta a lo que han presentado
antes.
El objetivo —indican
Los Cojolites— es demostrar que no sólo le apuestan a la fusión, sino al apego
por la tradición.
El futuro
Los Cojolites surgieron hace 17 años como un proyecto cultural en Cosoleacaque, Veracruz, con el precepto de rescatar la identidad cultural de la región y bajo la urgencia por incentivar a los jóvenes a fortalecer las tradiciones y vida comunitarias.
El futuro
Los Cojolites surgieron hace 17 años como un proyecto cultural en Cosoleacaque, Veracruz, con el precepto de rescatar la identidad cultural de la región y bajo la urgencia por incentivar a los jóvenes a fortalecer las tradiciones y vida comunitarias.
A partir de la
recuperación local se erigió el Centro de documentación del son jarocho, en
Jáltipan, donde —cuenta Benito— hay actividades y taller de son jarocho para
niños y jóvenes, pero no sólo se trabaja en la ejecución técnica, sino también
en los valores cívicos y sociales que mucha falta hacen en estos tiempos tan
difíciles”. Veinte años atrás, crearon, bajo la dirección de Perry, el Centro
Cultural de Arte Popular eran conscientes de que el son jarocho es un arte ligado
a la alfarería, el telar de cintura y la medicina tradicional.
Hoy día, a través del
trabajo de escenario, Los Cojolites logran mantener el Centro de documentación,
desde luego también gracias a los donativos que reciben anualmente con la
organización, desde 21 años, de un festival que se realiza los días 27 y 28 de
diciembre; también con colectas y ventas de discos. Además, imparten un
seminario de estudios culturales y del son jarocho, en un predio que —rememora
Perry— “llamamos Luna negra, destinado la recuperación de la naturaleza: hay
áreas de bosque muy fuertes, así como siembra de semillas… y es nuestro trabajo
de dar a la naturaleza lo que tanto le quitamos y ser consecuentes de cantarle
a nuestros ríos, flores, aves, y queremos que sea ejemplo para los 11 pueblos
indígenas que existen en la isla de Tacamichapan. Y si, por ejemplo, nosotros
necesitamos la madrera de cedro para nuestras jaranas, pues tenemos que
sembrarlo”.
Los Cojolites también
siembran historia, conservando la memoria a través del resguardo de fotografías
y videos, y también de un trabajo editorial, como la revista Son del sur, de la que han publicado 10
números, localizables en la biblioteca del Centro de documentación, donde se
conservan documentos únicos que sólo pueden encontrarse ahí. Cualquiera puede,
además, consultar su portal de YouTube, que este año publicó 350 videos,
prácticamente uno por día, editados por Joel, Perry y el canadiense Gabriel
Fields; sobre esto, agrega Perry: “esperamos continuar, nos faltan cientos de videos
que grabamos hace años, importantes para entender el proceso histórico del son
jarocho, desde el trabajo de viejos músicos que ya murieron y de la formación de
Los Cojolites cuando eran niños; ahí esta nuestra historia, no queremos
atesorar nada para nosotros ni vender”. Un legado noble.
La supervivencia
De la música sobrevivimos, confiesa Perry, por ello, Los Cojolites “decimos vivir juntos, porque no había de otra”. Así, bajo esta realidad, la agrupación tomó una vía de colectividad: juntar sus ganancias y comer juntos. “Lo poco que llega va para el proyecto, para las cuerdas de nuestros instrumentos, que son caras, para repararlos, y ahí andamos batallando”, agrega.
La supervivencia
De la música sobrevivimos, confiesa Perry, por ello, Los Cojolites “decimos vivir juntos, porque no había de otra”. Así, bajo esta realidad, la agrupación tomó una vía de colectividad: juntar sus ganancias y comer juntos. “Lo poco que llega va para el proyecto, para las cuerdas de nuestros instrumentos, que son caras, para repararlos, y ahí andamos batallando”, agrega.
La vida de estos
artistas, aunque el Grammy les atrajo prestigio internacional, es precaria; sin
embargo, el consejo de Los Cojolites para los músicos (y no músicos) “es que hay
que entrarle, todos sobrevivimos, le andamos rascando como cualquier trabajador…
Lo satisfactorio es que hacemos lo que queremos y así debería de ser, sin tener
patrones, más que nuestra conciencia. Somos afortunados, aceptándonos y soportándonos
como somos, porque somos tan diversos que salir adelante es el respeto a cada
quien: integrarnos socialmente hacia algo que nos dé alegría y sonrisas en un
mundo tan complejo”.
Coda
No podía despedirme de Los Cojolites sin preguntarles por la historia detrás de “Luna negra”, son distintivo de la agrupación y uno de los más hermosos.
Coda
No podía despedirme de Los Cojolites sin preguntarles por la historia detrás de “Luna negra”, son distintivo de la agrupación y uno de los más hermosos.
Perry, su director
musical, la relató con emoción: “Estábamos en la biblioteca del Centro; estaba
“Pelusa”, Carlos Rivarola, de Bandula, y “El pato”, de La maldita vecindad,
apoyando la enseñanza de Los Cojolites…”
Preparaban un demo,
antecedente de El Conejo, cuando a
Noé González se le ocurrió un acorde. “… En ese momento se hizo el verso del estribillo
de “Luna negra, negra luna,/ ¡negra!/ Color de tu madre”; una referencia de una
música de los negros de Perú, porque Rivarola trabajó con Tania Libertad (Ahora
que vino Susana Baca [los visitó en Jáltipan], nos dijo que le daba gusto que retomáramos
esa frase.)… Empezamos a ver qué letra y me tocó a mí decidir que retomaríamos
las décimas de Arcadio Hidalgo, muy antiguas… Las tomamos porque nos gustaban y
pensamos que a larga estamos otra vez poniendo estos versos en una dinámica
nueva; pareciera que inventamos la música, pero no, simplemente los retomamos”.
Durante los primeros días de
lanzamiento, Zapateando se posicionó
en el sexto lugar de ventas en Estados Unidos, y continúa dentro del listado de
los primeros 100 discos. Aún se encuentran en pláticas para introducirlo en las
tiendas mexicanas, pero en sus presentaciones en vivo y a través de las
plataformas digitales puede adquirirse.
La próxima estación de Los Cojolites no es Esperanza, es India. Todo el
éxito para ellos.
* Versos de Luna negra
Zazil Collins
Radio DJ | Escritora
Zazil Collins
Radio DJ | Escritora
**Próxima publicación
domingo, 5 de abril de 2015
Amber
Nadie reclama las cenizas
de un ángel de barro
entre las quijadas de la fosa común.
"Vaya a buscarla con el novio",
le dijo el MP a tu abuela,
dos días antes de levantar el acta.
"No hay sistema, regrese el jueves,
pero es vagancia", reculó.
Alerta AAMX 312150360033012:
¿Sospechoso o acompañante?
Conducía una camioneta GMC negra
que estacionó afuera de la Cklas
donde trabajabas.
Te prometió en Facebook
un viaje a Dinamarca
por tus quince, contó tu amiga.
Pasadas las 72 horas, avisaron,
"se implementarán otras acciones de investigación".
Tu abuela se pregunta
¿cómo te verás en diez años
con la espina quebrada
por dentro del corazón?
Reportaron verte en la Central de Autobuses del Norte, Tuxtla Gutiérrez y Cancún.
Especulan que un narco
te desposó en Texas,
que tienes tres hijos
y tu nombre es otro: Jenifer, Arisbeth, Diana Angélica, Lucía, Bianca Edith, Fanny.
En el bordo, musgo y ámbar flotan.
Las Verónicas enjugan tu rostro
en la última fotografía de cumpleaños.
de un ángel de barro
entre las quijadas de la fosa común.
le dijo el MP a tu abuela,
dos días antes de levantar el acta.
"No hay sistema, regrese el jueves,
pero es vagancia", reculó.
14 años. Ecatepec, Estado de México. Morena clara. Cabello oscuro. 53 kg. 1.60 m. Nariz achatada. Verdes, ojos verdes, grandes. Lunar rojo en el labio. Vestía chamarra azul marino.
¿Sospechoso o acompañante?
Sospechoso N N. No nombre. Usa arete en la oreja izquierda. 25 años, aproximados.
Conducía una camioneta GMC negra
que estacionó afuera de la Cklas
donde trabajabas.
Te prometió en Facebook
un viaje a Dinamarca
por tus quince, contó tu amiga.
Pasadas las 72 horas, avisaron,
"se implementarán otras acciones de investigación".
¿cómo te verás en diez años
con la espina quebrada
por dentro del corazón?
Especulan que un narco
te desposó en Texas,
que tienes tres hijos
y tu nombre es otro: Jenifer, Arisbeth, Diana Angélica, Lucía, Bianca Edith, Fanny.
Las Verónicas enjugan tu rostro
en la última fotografía de cumpleaños.
Zazil Alaíde Collins
De acuerdo con la asociación AGAPE, 87% de las víctimas de trata de personas en 2012 eran menores de 18 años y fueron ubicadas en redes sociales. Fuente: 24-horas
De acuerdo con la asociación AGAPE, 87% de las víctimas de trata de personas en 2012 eran menores de 18 años y fueron ubicadas en redes sociales. Fuente: 24-horas
Suscribirse a:
Entradas (Atom)