miércoles, 16 de noviembre de 2016

Floating Islands

Cuando me visites quiero
que sea una tarde soleada
y noche de lluvia
que el paseo sea una cuerda
entre el trigo y nuestros puentes
un viaje sietemares
Quiero unas alas de papel y un lucero
que ilumine aquella isla roja
Curazao podría ser
en volandas
traspasar el reflejo que nos corteja
No olvides traer melones y plátanos
el jengibre ya sofríe
y está servida el agua mineral
Afuera las gaviotas
delinean coordenadas


Zazil Alaíde Collins

lunes, 7 de noviembre de 2016

Mathias


Pensando en Pollock, Cézanne y Picasso


El cuello pliega la añoranza 
de una bengala en tu corazón
las nubes lo realzan:
         past is gone
cuando el temblor, como una ola 
improvisa sobre una noción de amor
—o una toma de Coltrane en el Hudson
: el blanco y el silencio son presente 
no ahora
como un principio irrepetible
dentro de una esfera de vidrio
Now I feel strong when I embrace you


Zazil Alaíde Collins

sábado, 5 de noviembre de 2016

BÓREAS/BOREAS

Millions of years ago, six pair of siblings left us the wind, a boiling suspension towards Sipofene // Hace millones de años, seis pares de hermanos nos heredaron el viento, un suspenso que hierve en dirección a Sipofene.



CUANDO LOS HUESOS QUEMAN, Sipofene,
a gota de agua cuelga la espina;
tu sexo de Cadmo galopa el amaretto.
Las estrellas en guerra
iluminan tu canto blanco,
tu piel de Cadmo sobre estiércol de venado,
canto de chicharras y encajeras:
tu madre fue una centella.

WHEN THE BONES BURN, Sipofene,
The spine hangs down at a water drop;
Your Cadmus sex gallops the amaretto.
The stars at war
Illuminate your white singing,
Your skin of Cadmus on deer dung,
Song of cicadas and lace woman:
Your mother was a spark.

CON EL GESTO AMARGO,
las familias despiden al gigante
que desciende en vuelo precipitado
de cáncer a ser padre;
la “ye” del esclavo nos delata,
el amor no resiste el velo:
los mejores versos se pierden al aire.

WITH BITTER GESTURE,
The families bid farewell to the giant
Who descends into a precipitate flight
Of cancer to be a father;
The “y” of the slave betray us,
Love can’t withstand the veil:
The best verses are lost in the air.

CUANDO EN EL CAMINO VEAS
a quien te quiere descalza, Sipofene,
siéntate a vendar sus pies;
los caballos traerán la cal de los guijarros
y el carbón para tus manos
curtidas por fuego y cirrosis.
Los buscapiés labran para otros
lo que en casa será discordia,
así que continúa con tu solario
antes de pelear en tierra lo que es del mar,
antes de disparar contra el nahual.
Despierta, la sal también atería.

IF ON THE GO YOU SEE
Who loves you barefoot, Sipofene,
Sit and bandage their feet;
The horses will bring you lime from pebbles
and coal for your hands
hardened by fire and cirrhosis.
The squibs plow for others
What at home will be discord,
So keep on with your solarium
Before fighting on the ground for what belongs to the sea,
Before shooting at the nahual.
Wake up. Salt also would freeze.

CUANDO LOS ENUNCIADOS SE HAGAN CHIQUITOS
como los huesos de los amigos,
pisa con impromptu el silencio,
los kilómetros desbocarán la aurora
en tu volcán cacique;
las carretas cargarán
el memorial de la ausencia.
Allá donde la mandrágora se esconde
conjura quién eres.

WHEN THE SENTENCES SHRINK
Like the bones of friends,
Impromptu step on silence,
Kilometers will bolt the dawn
Into your despot volcano
The roads will carry
The memorial of absence.
There, where the mandrake lurks
Conjures who you are.

LOS JORNALEROS aúllan con el sonido
de la guerra en los campos de amapola,
música para becerros,
pito de tren que lleva el aliento
del soldado alimentado por Chernobyl.
Hay tanto destensando el hilo, Sipofene,
tanta llama en la entrepierna,
botas humilladas,
manos metálicas,
silencios de comandancia.
¿Qué se llevará el polvo?,
si las hadas en carretera
hurtan el agua de las rosas.
Siempre estuvimos muertos frente al
desnudo de las medias violeta;
es un campo de hierro, Sipofene,
un campo queloide.

THE LABORERS howl with the sound
Of war in the poppy fields,
Music for calves,
A train whistle carries the breath
Of the soldier fed by Chernobyl.
There’s so much slackening the thread, Sipofene,
Such fire in the crotch,
Humiliated boots,
Metallic hands,
Headquarter silences.
What will the dust take away with it?
If we were always dead against the
violet stockings nakedness;
It is a field of iron, Sipofene,
a keloid field.


Zazil Alaíde Collins
Traducción: Ximena Atristain

jueves, 3 de noviembre de 2016

Boxes

Para Sean Scully y Billy Martin




Una caja para Billy
dentro de una caja para Sean
en Tappan
y dentro los hilvanes:
el trance de los diez sabios
la gravura del manto
cyprium niccolum chromium
Una caja que resguarda el aire
sobre el dintel cor-ten
seis movimientos que forjan
la puerta dentro de
una caja para Sean
: templo de acero




Zazil Alaíde Collins
Nueva York, 23 de septiembre de 2016


Boxes Full of Air, Sean Scully


video
Fragmento de Boxing for Sean, Billy Martin



lunes, 17 de octubre de 2016

Rapsodia de las rosas en la nieve [para Nico]

PRELUDIO 

Las muñecas de las niñas tristes llovieron
sobre los sueños de duela vieja.
En invierno, las copas y candelabros
resplandecieron el negativo de tus fotografías
y los caminos de argento.

Las niñas siguen jugando en los peldaños.
No entendieron la persecución.
Nadie estuvo ahí.
Nadie está ahí, dijeron.

Pero tus ventanas deliraron,
en medio del bosque
esas historias
del asesinato cruel y la huida.
Todos comenzaron a perder la partida.

Aprendiste a cantar
para simular el silbato del cartero
entregándote las melodías de tu padre,
la canción de la hija única
y los nibelungos.

Una parvada de pequeñas criaturas negras mordió a Nico en los labios, y un coro cantó.





MEMENTO

Decantan pajarracos de Tananore en tus ojos
y esa cara fría
de tormentos y nuevos comienzos
marca con honor, corazón vacío,
tus huesos en pilares perennes.
Tú, Nico, que fuiste el nombre del hombre griego,
la mujer de Chanel en Coco, la de la Dolce vita
tumbando religiones falsas
de anarquías nazis y conquistadores,
desfalleciste sobre una bicicleta.

Oh, tanta proeza se convirtió en innuendo.



Fragmento de Junkie de nada

viernes, 7 de octubre de 2016

ACANTILADO

Que me mate el mar antes que el sistema.

Nelda Piña y la BOA



Este es un poema sobre la zozobra,
sin talega,
sus latidos escarpa.
¿La cicatriz se adapta o la rechaza tu albor?

Repaso una estela para no olvidar
el olor del lucero,
el señuelo de la serranía,
esa hondura por la que los redobles
anuncian la cartografía del miedo
o de una enemistad.

Decantamos lo que no se pronuncia 
pero existe
sabemos que ocurrirá
como el eco,
como un crimen.

Si aún eres terso como el bisonte
platícale al meteoro
 
por cuál fractura pasa su luz.
¿Cuál es tu roca?
En esa greca transcribo mi piedra.

Tras la cueva nos preguntamos
“¿por qué no eres como yo?”,
pero el dolor es indiferente,
caminamos a una casa vacía.

En la corteza del cielo
se reescriben los quebrantos,
toda insana palabra del derroche
toda mezquindad de quien teme al amanecer,
todo prejuicio en campo traviesa.

Para golpear la arena
tam
 tam
hace falta el arrullo de la caracola,
el amuleto de las pequeñas cosas.

Siempre he querido escribir sobre el amor
pero entre mi cielo y la tierra
mi hechizo nunca es rezo,
y un buda es detonado
y parto al otoño
en un tren de latón.

De día y de noche el petricor
se refugia en mi corazón,
raíz del leño
para hablar con el tocón.

“La gente muere para probar que vivió” [Guimarães],
sí, 

para soñar 
con el cauce de un canto,
encontrar el
 santelmo en sus ojos,
abrazar el hallazgo en un resplandor de besos.





jueves, 6 de octubre de 2016

Cuatro minimal: pequeñas personas haciendo grandes cosas


¿Quién se lanza a una caminata en solitario sino el viajero que busca encontrarse? La silueta de un hombre atraviesa un aparente llano, cuando el cielo se oscurece, en una suerte de viaje de iniciación en el que se enhebra una cadencia, la cadencia de un canto. Eso nos deja intuir la contraportada ―arte de Arturo López Pío, de Cineamano― de La cola del dragón, primer material de estudio de Cuatro minimal, grabado en la Sala Julián Carrillo de Radio UNAM, y coproducido por The Sukiyaki Meets The World.
Se dice que existen cinco tipos de dragón, y el tipificado oriental, además de dador, es un transmisor de mensajes entre los hombres y los seres celestes. Por si fuera poco, su fascinante figura une elementos opuestos: pájaro, pez, fuego, lluvia, luna, sol. Su naturaleza gestora concentra los símbolos de la fuerza, la justicia y la sabiduría. El dragón es la armonía; el dragón es la palabra, porque que guarda también el espíritu de los dioses, y la palabra es canto. Para muchas culturas, quien trabaja el lenguaje oral es considerado un sacerdote, un chamán, un clarividente; así las voces que sobre tambores inscriben esta historia y desde 2011 nos descubren remedios para sanar alientos melancólicos.
El agosto de ese año, invitados por Nicolas Ribalet (el primer o quinto minimal, depende la perspectiva), Juan Pablo Villa y Fernando Vigueras se embarcaron en una travesía con rumbo a Nanto, Japón —un pequeñísimo lugar donde la gente planta su arroz a fuera de su casa, en palabras de Villa—, para unirse, desde la expresión mínima, con Chang Jaehyo y Sakaki Mango en el Centro Cultural Helios, donde han realizado residencias artísticas tanto Villa como Vigueras y Arturo López Pío. El resultado se presentó en The Sukiyaki Meets The World, festival anual por el que han desfilado músicos latinoamericanos como Pernett, en 2012, y este 2016 Cecilia Todd y Aca Seca Trío.
La historia me la contó Juan Pablo Villa en una desenfadada conversación hace unos meses. Todo comenzó cuando en un Encuentro de las Artes Escénicas, en la Ciudad de México, Villa conoció a Benjamim Taubkin, gran compositor y promotor cultural brasileño que vive en Londres, quien nos invitó a Pío y a mí a un festival a presentar La gruta de Baba, en São Paulo y San Salvador de Bahía, y ahí conocí a Nicolas Ribalet, un francés que vive en Japón, representando un proyecto de Chang Jaehyo de música tradicional y contemporánea de tambores coreanos; nos hicimos muy buenos amigos y resultó que Ribalet, además de ser un gran manager, es el director de The Sukiyaki Meets The World desde hace diez años; entonces, al año siguiente fui invitado a una residencia artística en Krems, Austria, con un músico mexicano que yo escogiera, y decidí llevar a mi gran amigo Fernando Vigueras, guitarrista de música contemporánea, experimental, pero que también acompaña, por ejemplo, a Dora Juárez en este proyecto de música sefaradí con Francisco Bringas… Nos encontramos en una casa con Sakaki Mango, un japonés que vive en la ciudad de Kagoshima, Japón, y con Chang Jaehyo, que vive en Seúl, Corea. Ahí juntos cocinábamos, dormíamos y demás, osea, nos emborrachábamos juntos… teníamos una vida en la casa y en el Centro Cultural Helios. Ahí empezamos a darle forma a este proyecto.
Así Jaehyo, Mango, Villa y Vigueras formaron el ensamble Cuatro minimal para, sin pretenderlo, mitigar incendios como mediadores de palabras. Su música funde motivos de las tradiciones musicales de Japón, Corea y México, pero también de Kenia y Tanzania, pues dentro de percusiones como el janggu se funden la mbira, limba y kalimba.
Cada vez más relajado, Villa, el artista vocal y compositor, me presenta a los integrantes no mexicanos: Jaehyo toca en janggu, que es un instrumento de doble parche y viene de la música tradicional coreana y se toca con dos baquetas distintas; toca también una especie de campana o cencerro, y es un gran cantante de la ópera tradicional de Corea, el pansori. Es excelente, y toca música tradicional pero también la combina con música contemporánea. Ha sido muy criticado por los más puristas, pero también aclamado por la crítica justo por lo mismo. Es uno de los percusionistas más importantes en Corea. Sobre Mango, de quien me advierte “es parte importante de la alegría de The Sukiyaki Meets The World, ya lo conocerás”, comparte que es un compositor, cantautor, digamos, y la manera en que canta y toca es excepcional. Él combina el japonés y el kagoshima-ben, que es su lengua materna, y toca con kalimbas y limbas… Ocupa más o menos la mitad del año yendo a África a estudiar los ritmos, compartir con las comunidades su música y aprender. Es una persona sumamente cuidadosa y disciplinada con lo que hace... y es exigente; digamos que muchas de las partes de esta banda él las dirige o propone la primera forma y de ahí se desarrolla.   
Cuatro minimal nos simplifica en su simbiosis musical que la naturaleza concentra las máximas que nos fortalecen; los cantos de Juan Pablo Villa —que a ratos recuerdan voces de animales— a los que entrega su sonrisa, deben hacernos confiar en ello: cada palpitación es una transformación.
Compuesta por Fernando Vigueras y Sakaki Mango, la pieza que da vida al dragón es homónima del disco, y además está dedicada a los 43 estudiantes normalistas de Ayotzinapa, Guerrero. En ella, la voz de Villa concentra la agitación y transmite la furia de un coletazo de realidad, porque “cuánto más la sangre al cántaro gotea y nos revienta la cabeza en pedazos de tres en cuatro de cuatro en tres”. Es la belleza dentro de la furia, donde queda la sensación de que los espíritus de dolor sanarán con los fraseos acuosos que intentan mitigar hogueras, como en el caso del popurrí "Arirang/Yo ya me voy", que combina las tonadas del folclore del arirang y canto cardenche. 
Los anhelos, como astros, también surgen del fuego (Jaehyo) que, avivado por este cuarteto, nace de los contrarios, cuando mar (Vigueras) y tierra (Mango) exhalan (Villa) y se encuentran en el tema “Nine”, que significa esperanza en coreano. Al anclarse en diversas tradiciones musicales de cuerdas y percusiones, así como en oralidades y folclores primigenios, Cuatro minimal vislumbra la construcción de un lenguaje. Para la música, el ensamble es hálito y una nueva concepción del tiempo: una comunión con el universo y la imperante necesidad de escuchar los unos de los otros, tal como cantan en “Amagiki”, que significa “pequeño” y que fue compuesta bajo el precepto de “pequeñas personas haciendo grandes cosas”. Para Villa es una pieza emblemática de la banda porque fue en la que más trabajamos en la primer residencia, en Japón; es una pieza en cinco cuartos… Lo que hacíamos era escribir más o menos los patrones rítmicos que se iban generando a través de las improvisaciones. Muchas de las piezas parten de improvisaciones. La pieza ya existía, Mango la había grabado previamente; entonces él la trae con su kalimba y empezamos a improvisar encima y a fijar ciertas cosas, pero en medio justo abrimos un gran puente donde estuvimos trabajando qué tipo de figuras rítmicas, cuándo entraba quién, cuándo salía quién. Hay una parte que es muy evidente cuando yo estoy haciendo una especie de solo empiezo un loop y desarrollo toda la pieza y después los músicos me van siguiendo y regresamos… Es un poco como en el jazz: se canta el tema, hay una parte a la mitad donde se improvisa... Pero al final estas improvisaciones empezaron a quedar fijas y hacerse una estructura conocida por los cuatro
Cuatro minimal canta a la esperanza, a la belleza del cardo en las gargantas, al dolor de la ausencia, a la paciencia. La cola del dragón puede escucharse como una ceremonia de lo vital. Lo vital de la ética y la vida política en una sociedad lastimada, pues las composiciones del cuarteto se manifiestan por la equidad, la comunión y la (de)construcción de identidades multiculturales: la apertura de canales de diálogo.
Este ensamble internacional ―formado por integrantes que, aunque se adoran, casi no se escriben― por primera vez saldrá de gira a países distintos a los de su origen, y luego de una breve gira por Nueva York presentará La cola del dragón en México el próximo 3 de noviembre, en el Teatro de la Ciudad Esperanza Iris.




jueves, 11 de agosto de 2016

Poems in Numéro Cinq (agosto)

From No todas las islas
Natural History
Words are crabs
Buried in the deep.
Shipwrecks speak
in seashells.
The wind sings its syllables
of whispered names.
.
The Giant Women
They came from the north,
but no one knows when they were wiped out.
From the cave of music
they made their rounds,
raising their pentagram arms;
they all croaked under lock and key.
The old men claim to have seen them
devoured by the sea.
.
from Boreas
THE DAY LABORERS howl with the sound
of war in the poppy fields,
music for bull calves,
train whistle that carries the breath
of the soldier suckled by Chernobyl.
There’s so much slackening the thread, Sipofene,
such fire in the crotch,
…………humiliated boots,
…………metallic hands,
…………headquarters’ silences.
What will the dust bring,
if we’re always dead in the presence
of the violet stockings’ nudity?
It is a field of iron, Sipofene,
…….a keloid field.
.
from Austral
THE WORLD SHOULD BE A BETTER PLACE,
with more poems and tulips;
no resection of the migrant
who flees in order to survive
the harassment of offices
that are after his right thumb.
Tell us what emporium has robbed you?
How many prisons have you trod?
Who knew the truth of your sandstone?
The cherry and blue meeting houses
were part of the eclipse.
We speculated up until the year of your birth.
NO ONE CLAIMS THE ASHES
of an angel of clay
in the jaws of the common grave,
no one asks for his minimum wage
at the sides of Cadmus’ ships,
and no one deserves to die by stone
on a high tension cliff,
but there go the 50 thousand orphans
who have lost their hunger
walling in the cattle.
.
from Zenith
IT IS CALLED RAGE, Sipofene,
the substance that undermines us
breaks us
deludes us
the exhausted gaze of serfs;
it’s called weariness, Sipofene,
this solitude without a capital
these lead hillsides,
paradise of the dissidents.


Traducciones de Cody Copeland para "The Deserts and the Seas: Zazil Alaíde Collins", entrevista de Dylan Brennan en Numéro Cinq (agosto, 2016).

domingo, 22 de mayo de 2016

Trainspotting

De Junkie de nada (Lenguaraz, 2009)


El insomnio me hace alucinar.
No necesito químicos
en mis linfocitos.
Algo mejor que el sexo
¿Opio?
Fiebre mental.
Grito en mi cama.
Sudo.
Me evaporo.
Sudo.
No necesito que la droga
me abandone para estar
aburrida.
Deprimida.
Estar limpia.
El mundo cambia,
you must learn
how to entertain yourself.
Insatisfacción.
No necesito químicos para
despojarme.
Hacer catarsis.
Junkie de nada.
Rara,
everything’s change.
Junkie insatisfecha.
Las calles están llenas de droga,
toxoplasmosis.
Es el fin,
everything’s change.
No hay finales eternos,
true love.
Hundirme.


sábado, 16 de abril de 2016

¿Dónde dormiste anoche, muchacho triste?

You were mine, my enemy, piensas

mientras tu mano asfixia el sueño.

Nunca he encontrado a dios.

Dios es la música que rompe tu espejo.

I'm so lonely, but that's okay,

somos los solos.

Es el fin del mundo,

sálvame, sálvate,

desgarra tus arrepentimientos.

Everyone is gay; también lo opino

y me siento bien.

Aprende a hablar de nuevo conmigo,

ven a cantar una canción tibia.

In the sun, in the sun

las llamas en tus ojos entonan

al espíritu adolescente,

tu alfabeto de aneurismas y abulia.

Todo debe ser dicho,

sálvate, sálvame,

sí, hey, tú, muchacho triste.

Deja arder el litio, explota tu impulso invencible,

mas no anestesies este presente

con suplantadores que masturban

el pasado.

Quiero abrazarte,

hey, sí, tú, muchacho triste.

No desaparezcas, no eres tu ego,

tampoco el fracaso.

Dirty dirty dirty

despidamos los días oscuros con sexting.

MTV After Hours: Incesticide.

Es el fin del mundo y me siento bien;

Terry Riley nos espera en un agujero negro,

cargado de stamina y funk,

In C, the whole night through.

Pain pain pain

no mientas,

let's talk about someone else.




Para Alberto



--
* Agujero negro, según Douglas Coupland, es un “subgrupo de la generación X bien conocido porque sus prendas de vestir son casi siempre completamente negras”. 


Zazil Alaíde Collins


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jueves, 18 de febrero de 2016

Steinbeck y su viaje por la península de Baja California Sur *

Como el triste corrido de los cachanías sudcalifornianos versa, “Adiós, adiós, me voy de aquí muy lejos,/ voy a buscar consuelo a mi amargura./ Adiós, me voy cargado de tristezas,/ llevándome mil penas, buscando otra aventura.”[1], John Steinbeck se alistó en compañía de su amigo Ed Ricketts y una pequeña tripulación por las aguas del Golfo de California, probablemente sin tantas penas, aunque en temporada de depresión y guerra.
Steinbeck nació en 1902 en Monterey Country, California, estado que fue el principal escenario de sus obras, como Tortilla Flat (1935) o la reconocida Uvas de la ira (1939). Durante algún tiempo, estudió biología marina en Stanford, por lo que se entiende su estrecha amistad con Ricketts y el interés por vincular su oficio como escritor con la naturaleza y la filosofía que de dicha relación deriva.
Sortear las aguas del mar de Cortés inspiró a Steinbeck para escribir The log from the sea of Cortez (Por el mar de Cortés), un diario de viaje construido a la luz de los recuerdos —fue publicado en 1951—, notas tomadas durante la empresa y un listado taxonómico que recabara, principalmente, Ricketts y que, años más tarde, el mundo universitario reconoció, al nombrar a tres tipos de anémonas de mar como Palythoa rickettsii, Isometridium rickettsi y Phialoba steinbecki.
Dejando atrás el dato wikipediano, el trabajo de recolección de Steinbeck y Ricketts desembocó en una prosa que destila mar y que, incluso, fue el motor de otra de las novelas desgarradoras del Nobel, La perla (1947), contextualizada en La Paz, Baja California Sur, y retrato, casi fiel, de la pobreza y discriminación vivida por los indígenas que se dedicaban a la extracción de la perla. Claro que también los mitos y leyendas de la localidad se traslucen en dicha obra, llevada al cine por Emilio Fernández, poco después de publicada.
Por el mar de Cortés narra seis semanas de viaje —aproximadamente 4,000 millas recorridas en 1940—, a bordo de la embarcación Western Flyer, el sardinero que fungió como el mirador de Steinbeck. Como toda bitácora, describe usos y costumbres, los saludos acondicionados, el trato de la gente, sus oficios navegantes, y retoma un poco de la historia regional, como el origen y significado de la voz “California”. A lo largo de las páginas, el mar se retrata como una metáfora de la vida, pues poseemos océanos personales, con abismos, manchas, mareas altas y bajas que nos mecen en goces, listos para descubrir, silencios que sortear, vidas que mimetizar o devorar; además, “el que ha nacido junto al océano, no puede sentirse feliz si está lejos de él durante mucho tiempo”.
En medio y a las orillas de los páramos, el mar de Cortés y sus playas negras, la tibieza del agua y las salinas, se abren a la reflexión, en un tono confidencial, como el de toda literatura de viaje, desde Marco Polo, Darwin, los misioneros jesuitas, hasta Stevenson, Salgari o Defoe. Los aventureros forjan historia.
En Por el mar de Cortés, la noción del tiempo contrasta entre los occidentales, encarnados por la tripulación del Western Flyer, y los pescadores indígenas, siempre tristes para Steinbeck, en medio de un panorama melancólico y espectral. Más interesante hubiera sido la visión del autor, de haberse adentrado en las rancherías fantasmas del desierto sudcaliforniano, en los bordes de los oasis o en las cumbres de acantilados con panorámicas a cuevas habitadas por ratones rupestres, cazadores gigantes o resquicios de calcio animal.
En la cubierta, la lectura nos lleva a preguntarnos por la conservación de las especies, esa interminable lucha en la que estamos metidos, sin haberlo querido, pero sí elegido. A la luz del análisis, nuestras vidas quisieran semejarse a los bríos que sigue un morador en el ano de un pepino de mar: entrar y salir; las más veces, permanecer dentro, pálidos, pero protegidos, a veces acompañados, sin tener que marchar, a diario, con el pretexto de buscar un sustento y nunca más volver a casa: la condena del hombre, pues —escribe Steinbeck— “es el único animal que vive fuera de sí mismo, cuyo estímulo son las cosas externas… propiedades, casas, dinero, ambición de poder”.
La reproducción de los viajes de los escritores constituye una potencial materia de estudio para los morbosos, ya sea a través de Google Earth (donde pueden visitarse las referencias geográficas de la obra de Shakespeare) o empuñando mapas y trazando las rutas que nuestros admirados siguieron, al igual que aquellos conquistadores emprendieran con el éxtasis de la fiebre del oro, ávidos de historias de caballerías. Por ejemplo, del viaje de Antonin Artaud a la sierra Tarahumara se han lanzado expediciones, documentos conmemorativos, eventos como la “semana Artaud” y cuasi paquetes de turismo eco-cultural; los paisajes que atrajeron a Rulfo, el andar del Cid o el Quijote son otros trayectos, pero el viaje de Steinbeck corre con una suerte más cientificista.
Un impulso de interés biológico entre el Instituto Nacional de Ecología y la Hopkins Marine Station de Stanford desarrolló el “Proyecto de Expedición y Educación del Mar de Cortés”, para “monitorear la fauna de invertebrados en las mismas localidades intermareales” que Ricketts y Steinbeck estudiaron. Dicho proyecto pretende rastrear el camino de los calamares gigantes, así como recolectar especies para el Centro de Investigaciones Biológicas del Noroeste, en La Paz. Los puertos de salida y alojamiento son casi los mismos que los que visitó el Western Flyer, de Monterey a San Diego, Bahía Tortugas, Cabo San Lucas y Cabo Pulmo, la isla del Espíritu Santo, La Paz y su mogote, Puerto Escondido, Loreto, Bahía Concepción, Santa Rosalía, Guaymas, entre otros.
Por el mar de Cortés puede tomarse al pie de la letra, ya que si algo continúa generando magia (de añoranza) en la península es que, hoy en día, muchos puertos y muelles conservan la silueta, a pesar de las aguas dragadas, la inserción de consorcios de inmobiliarias extranjeras y la desproporcionada compra-venta de terrenos federales. El volumen puede atenderse como un manual de sugerencias e incluso la voz de la conciencia, dentro de un paraíso en medio del desierto.
Durante la travesía, tanto las miradas de los pobladores (“Sus ojos oscuros tienen unas curiosas lucecitas rojas en las pupilas. Son una gente soñadora.”), como de Steinbeck y Ricketts, se antojan igual de traslúcidas que las de los ojos perdidos de Henry Ford, en busca de la tierra prometida californiana, en el filme The grapes of wrath, cuyo guión, desde luego escrito por Steinbeck, fue nominado a un Oscar en 1940.
El instinto de supervivencia (de “los de abajo”) es el drama de los hombres al defender sus tierras de ser aplastadas por extraños que no han echado raíces ni querencias, y es un tema que Steinbeck supo comprender —léase como hipótesis—, gracias a su espíritu medita-errabundo que también le impulsó a desempeñarse como corresponsal del New York Herald Tribune, durante la Segunda Guerra Mundial. Como escritor, Steinbeck toca las fibras de la coexistencia, a través del diálogo y la observación humana; Por el mar de Cortés es una de las mejores pruebas, al ser un libro de amistad, de un autor que bien puede ser recordado los 27 de febrero, el “día Steinbeck”.

Zazil Collins




[1] “Playas negras”, compuesto por José Guadalupe Mendoza.


* Publicado en la revista Metapolítica, v. 13, n. 64, marzo-abril de 2009

sábado, 6 de febrero de 2016

Oz [para Chant]

Toca las puntas de tus zapatos rojos y di: “Quiero estar lejos de casa”.


Cuando el ojo de la liebre deje volar cien pájaros por tu tristeza, bordea el remanso de silencio donde emana la bocanada, el agua y pálpito de los sin rumbo.
Los ahorcados marchan a Amarillo para cerrar su cicatriz al mar con la acústica del meridiano; Oz existe en el acimut: es un canto de garganta del búfalo en rapto.
La dulzura del sin dios se agota cuando engañamos los recuerdos: Amarillo se nos hundió en las manos pero los músicos siguen a flote la tónica desafiante del sin espíritu
que murió cuando el poeta maldijo la noche de un paraíso sin nubes. En cada nota de hoguera, a donde sea que llegues, intenta ser una palabra plena.


Zazil Alaíde Collins



* Basado en el poema Kanopa



Concierto descargable a partir del 1 de marzo:
http://www.oinkartistas.com.mx/